Yo tenía un sueño de España… pero ese sueño murió hace tiempo. El que me acunará esta noche, será mejor. Mi guía en los Años Oscuros. Y vivirá por siempre jamás. Ej12Ms

17 ago. 2017

Fuego, fuego, fuego


A  morir hemos venido, o a vencer, si el Cielo lo dispone. No deis ocasión a que con arrogancia impía os pregunte el enemigo: ¿y dónde está vuestro Dios? Pelead en su Santo Nombre, porque muertos o victoriosos, habréis de alcanzar la mortalidad. Don Juan de Austria. Lepanto, 7 de Octubre de 1571


16 ago. 2017

Escenas (IV)


Aquel día, sin ningún motivo, decidí salir a correr un poco. 
Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué allí, pensé que podría correr hasta el final de la aldea...  y cuando llegué allí pensé, podría cruzar todo el concello de Arousa; y luego pensé: ya que he llegado hasta aquí, también podría cruzar el gran estado de Galiza, y eso hice: cruzar todo el estado de Galiza... y sin ningún motivo seguí corriendo... y llegué hasta el océano... y cuando llegué allí, pensé: ya que he llegado hasta aquí, podría dar la vuelta y seguir corriendo, y cuando llegué hasta el otro océano, pensé: ya que he llegado hasta  aquí, podría volver a dar la vuelta y seguir corriendo. Cuando me cansaba, fumaba; cuando tenía hambre, fumaba; cuando tenía que ir... ya sabe, otro puro habano.
Pensaba mucho. En México, el club, el maestro Arriola... pero sobretodo, pensaba en el Tour. Pensaba mucho en esas curvas, sus pendientes, los puertos de montaña.
(Aquí entra la voz en off enumerando las reacciones de la mancha humana al conocer la proeza del antihéroe del centro al área; desmenuzando los dimes y diretes de la intelectualidad toda gramsciana; hablando por boca de legiones de periodistas y creadores de opinión y filósofos del nuevo hombre que lo atosigan con mil preguntas acerca del mamandurrias de estado, como es la la tiranía hacia la que va deslizándose, lentamente, nuestra sociedad, con sus rebeliones de separratas nacionalistas, el desahucio de la propiedad privada, la agresión manifiesta a todo alienado al "otro mundo es posible" lennonista y su ideología servil de género neutro, pero positivo... ¿qué opina del cambio climático, presidente?¿Cuántos muertos desterramos de las cunetas hoy, señor?¿el kilo de justicia, barato, verdad?...  en definitiva, el caos en ciernes va retumbando a su alrededor mientras él va de costa a costa, deprisa y con pausa para echar humo...
Pero la voz en off calla, la tragicomedia continúa).
No podían creer que alguien pudiera correr tanto sin ningún motivo especial. Tenía ganas de correr. Bueno, pero por alguna razón, para los votantes sí que tenía sentido. Así que tuve compañía, y después de eso tuve más compañía, y después me siguió todavía más gente, como hipnotizada, presas de la secta. Alguien dijo que esto que yo hacía daba esperanzas a la gente... 
Noo... Yo no sé nada de todo eso. Mamá siempre me decía que tienes que dejar el pasado antes de seguir adelante. Creo que fue por eso que corrí tanto. Para mirar adelante, al futuro... la economía (mía) lo es todo.
La verdad, aunque yo siempre iba corriendo, nunca pensé que eso me llevara a ningún lado.
Un día, sin más, mis días de correr terminaron.
(Vuelve la voz en off, lastimera -«¿y ahora, qué hacemos nosotros?»-, del rebaño balador que le ha ido a la zaga manteniendo las distancias para no pisar su sombra...
... pero eso ya no le importa a nadie una puta mierda).

14 ago. 2017

Segismundo preso

Informar, de primeras, que estos días de ausencia son debidos al terrorismo turístico, del que somos víctimas encerradas en una ridícula celda de dos por dos -pues dos por dos mide la parcelita de arena que nos agenciamos en la playa de aquí al lado antes de que la marabunta de guiris de la que hablan las sagradas escrituras viniera a rodearnos cuales recios muros carcelarios.
Cercado, claustrofóbico, asediado por fiambreras, chulopiscinas y seniles ubres, va y viene mi sentido, y esta mañana, recuperándolo gracias a una misericordiosa nube que eclipsó el Sol, escuchamos que Madrid también es una nación más en la ensalada infame de la progre(h)ez anti-española y sus cien años de honradez; por la caja tonta televisiva no dejan de pregonar -para escarnio de muyahidines y códigos de apaciguamiento lennonistas- nombre, apellidos y Rh del imbécil que atropelló a una chica durante una manifestación -y contramanifestación- racialista useña; la Juana sigue desaparecida con los retoños de Jason, aunque su espíritu vaga bien presente en los griteríos de la inquisición feminista y en las lágrimas de la tragicomédia periodística patria... y el sedicioso con chalet-piscina sigue tirando, y el gomierdo memócrata calla; y la nomenklatura va formando partidos a cada cual más sátrapa, y la intelectualidad adversa recita poemas de Lorca y canciones de Silvio Rodríguez dándosela de revolucionaria, y siguen brotando de la ciénaga las viejas glorias de las desaladoras, el asalto al palacio de invierno y la democracia a golpe de guillotina mientras el Iluminado mejicano camina deprisa, a pasos agigantados, hacia el precipicio con sus calcetines cutres y su camiseta sudada.
Volver en sí para confirmar que nuestro lelo-gump no va solo, lo acompaña una sumisa hueste,
y algo, en el fondo del negro abismo interior,
hace que estimemos la opresión, la asfixia, la zozobra de vernos emparedados entre muros de carne.
Vuelve a desvanecerse el sentido.
Qué tristes nuevas vienen...

9 ago. 2017

Extinción


Recientemente, el político mejor valorado del panorama español, proletario Garzón, alto índice de aceptación entre la generación mejor preparada de la historia, haciendo uso del canal favorito entre la mancha humana -las redes sociales-, predijo la gran catástrofe galáctica, la sexta extinción, descendiente de asesinos de diplodocus, pangeas, corales y demás curiosidades fósiles... y lo enunció a los cuatro vientos, él, proletario Garzón, el ungido por las sabidurías de la Complu, señalando al culpable de tanto estropicio: el capitalismo, sujeto de todas las desgracias habidas y por haber, pasadas y futuras. Fuente de discordia, la deriva del libre intercambio entre individuos, el derecho a intentar ser feliz, la justicia salomónica, son las causas de que el mundo sea tan raro, tan ajeno a la arcadia soñada, edén de la gente sencilla, proletaria... como él, proletario Garzón. Sin guerras, sin hambreni enfermedad ni jesucristosuperestar, multiculti... todos los animales son iguales, ¿verdad, Napoleón?
Si paras un momento a analizar la profecía, a oler sus palabras, comprobarás enseguida el suave aroma a cascote de Muro de Berlín que desprenden. Con cada uno de ellos, la teoría ensayada al lado este de la frontera antifascista ha amasado un nuevo barniz con el que camuflar su fracaso, pero para nuestro proletario Garzón no hay realidad que difumine una buena alucinación, y a los nuevas ideas lennonistas, con sus cantos a la feminidad de género neutro, la empoderación de los ultracuerpos y la abolición de las fronteras, suma, sin mostrar rubor o vergüenza, el tostón del capital convertido en meteorito ecolojeta ligado a la extinción.
La bondad, sin embargo, intrínseca a la gente de izquierdas, no es ajena al héroe de la Vendée, y por eso su advertencia de los riesgos materialistas colándose en la intimidad de la pantalla del celular; por eso, por su infinita misericordia, convida a las masas a apostar por un modelo más sostenible, redistributivo, comunista, donde no existan las fronteras y la mancha humana pueda circular por doquier haciendo gala de su derecho humano a la amnistía, el nihilismo hedonista y la cerveza fría. Sanidad universal, educación gratuita hasta el tercer doctorado, renta básica con la mera presentación de un bonobús, decrecimiento económico y un porrón de organizaciones jocosamente no gubernamentales traficando con seres humanos en nombre del altruismo y la caridad laica.
La gran comuna en la tierra, dictadura de proletarios como el proletario Garzón -aunque no tanto, que para eso fue él el profeta que cargó sobre sus hombros la infamia lucha contra el papel-moneda-, mezclados los unos con los otros, al son del ritmo sabrosón, ratas tras la música del flautista, rebaño de granja al que se desposeyó de el don más precioso, la verdad, y el redoble más atronador, la libertad.
La sexta extinción, de tenerlo, no será el nombre que berreas, profeta.
Será, como la poesía, tú.

7 ago. 2017

El turismo


Sue tiene un pequeño puesto de miscelánea playera frente a la cala de levante, en la costa mediterránea. Apenas son veinte metros cuadrados contando el almacén, viejo como el primer día que levantó la persiana del negocio; el descuido de la pintura rancia camuflado por un estucado de camisetas de los equipazos del deporte rey, falsas, y demás cantidad ingente de "Estuve en el infierno y me acordé de ti", "Recuerdo del paraíso", y, pórtico de pilares dóricos, las colchonetas verde cocodrilo chillón y flamenco maricuchili.
Alrededor de su industria, los años han ido moldeando el vecindario, jubilando penosamente a doña Virtudes o al nervioso Ginés -compañeros de años mozos- y trayendo, de remotas montañas, a morenitos pakistaníes pródigos en el acoso y derribo de los clientes. Con técnicas propias de las riberas del putrefacto Ganges, esquilman todo rastro de monedas en veinte metros a la redonda, por no hablar de los horarios comerciales, infinitos. Sea de día, sea de noche, el jovial dominguero que pasea por la acera no podrá zafarse del ataque del mercader del zoco, que saldrá de su guarida de rebabs, cachimbas y humo como un resorte ante la visión del incauto comprador.
Sue no puede. Ocho horas, poco más de nueve, a lo sumo. En casa reclaman las pocas obligaciones que ha ido acaudalando durante su vida de vendedor sacrificado de cacharros de playa. Ni qué decir tiene que tampoco puede abrir durante los penosos meses de invierno, cuando el pueblucho está muerto y amortajado, como hacen, también, los pakis... al acecho... la negra araña nunca duerme, pequeños...
A ella, a la hormiguita Sue, lo que saque hoy le servirá para la carestía de mañana.
Por eso, cuando esta mañana se desayunaba leyendo en el diario de la provincia las noticias de los ataques al turismo, ha esbozado una siniestra sonrisa. Según los críos de hoy... los conozco tan bien como a sus padres... y a los padres de sus padres, y a los abuelos de los abuelos, créeme: todos venían a comprarme las cremas protectoras, las putas postales de cinco culazos en tanga, los juegos de petanca de plástico, ¿sabes? Gente de aquí, gente bien, de diario y misa el domingo, con trabajos de jornada intensiva en los que apenas doblar el lomo... según esa morralla mocosa, la generación mejor preparada de la historia, ajenos a toda carestía pasada y a rebosar de la hipocresía y la contradicción del discurso marxistoide de escasas lecturas y demasiadas películas, el modo con el que Sue ha venido sobreviviendo durante toda su vida en la ciénaga que es la vida para todo aquel que está alienado, perdido en su islote desierto y rodeado de tiburones... su eterno subir a la montaña donde mora la cueva de la libertad... es el causante de los males que azotan el bonito y solidario e imagineallthepeople planeta azul.
Él, los turistas, el dinero...
Palos en las ruedas, Sue. Siempre que no tintinee al ser contado por las manos usureras que la herencia legó generación tras generación a los salvadores del vicio mortal de ganarse la vida, el enriquecimiento, el trabajo duro, las leyes y derechos de los trabajadores... todo será papel mojado, pobre diablo.
Palos en las ruedas, y miseria para dar, recibir y redistribuir.
Después, sollozar por las migajas que caen de las barbas de tantos buenos samaritanos.
Diferente es si eres paki; un regufee.